Nombre del grupo: El Club


Era una tarde como otras tantas. El sol estaba dando paso a la noche y la temperatura iba descendiendo poco a poco. En la calle, el murmullo de unos niños que protestaban por la vuelta a casa. En un piso, cinco sujetos trabajando en un caso algo particular. Copia, plagio, algo intolerable.
Mikael llevaba investigando el asunto en solitario 3 semanas. El resto, Mia, Mimi, Lisbeth y Erika habían conocido el hecho hacia tan sólo una. Un sueco los había utilizado para beneficio propio. Se sentían estafados pero, sin saber cómo explicarlo, también algo fascinados por aquella mágica utilización, una copia casi perfecta de todos ellos.
En esos papeles, nada más y nada menos que tres tomos bien gruesos, el conocido sueco había plasmado cada uno de sus comportamientos, modos de hacer, su faceta personal de la manera más realista posible. Había transformado las dotes investigadoras de un Mikael científico a un Mikael periodista, astuto, hábil, perseverante. El personaje era tan parecido al real que ni él mismo sabría siquiera distinguirse de la copia.
Mia, fiel a su pareja y a los suyos, era también muy parecida a la inocente mujer que confiaba en su chico Dan. La misma mirada, la misma preocupación, una serie de copias de caracteres fieles a la realidad.
Mimi, la secretaria lesbiana había sido transformada en la ayudante ficticia y gran amiga de Lisbeth, una chica inusual, carismática, de ideas fijas y peculiares como la detective real afincada en Terrassa. La informática, para ambas, era un modo de vida. Nada ni nadie se resistía a sus habilidades tecnológicas. Los malvados, los asesinos, todos los del lado oscuro no estaban a resguardo de sus garras. Miedo, temor, peligro, acción, Lisbeth sabía cómo enfrentarse a cada situación. Lo recordaba todo; los hechos, las imágenes, fotograma a fotograma se iba almacenando en su hábil mente. Se diferenciaba del resto por su aspecto, por ideología, por gusto, porque pertenecía a una tribu de integrantes únicos, especiales, ni mejores ni peores que el resto de la sociedad, simplemente distintos.
Erika, una jefa fuerte e inteligente, era calcada a la arriesgada
Erika, editora de la poderosa e influyente revista Millenium. Con un objetivo fijo, iban a por él, aunque eso significara enfrentarse con todos.
Esos cinco personajes nacidos de la pluma de un soñador sueco que habían hecho que saboreara el éxito póstumo y encandilara a toda la sociedad estaban reunidos ahora para estudiar el proceso de creación de semejante obra de arte. Esos cinco personajes con los mismos nombres, aspecto, personalidad, objetivos, aficiones que los cinco sujetos reales atareados analizando una reproducción. La investigaron, leyeron cada párrafo, cada frase, cada signo de puntuación. Era tanta la belleza impregnada en esas letras, la dureza, la sinceridad, el detalle y el misterio que no pudieron más que resignarse a pensar que las copias debían ser ellos mismos; la ficción había superado a la realidad.
